La Guerra del Agua: los mitos sobre su uso en un escenario de cambio climático
“Olvidamos que el ciclo del agua y el ciclo de la vida son uno mismo”
– Jacques Y. Cousteau.
Este artículo busca discernir sobre la afirmación de que la agricultura consume entre el 70 % y el 80 % del agua dulce del planeta. Cuestionamos dicha narrativa, pues si bien el sector agropecuario la usa, no es el que mayormente la consume. En realidad, la transformación de esa agua en alimentos es aprovechada por la industria, los intermediarios y la población en general. Además, los altos márgenes de ganancia entre productores y consumidores finales evidencian una desigualdad que debe analizarse a la luz de la huella hídrica y el cambio climático.
El agua, origen de la vida, es indispensable para el funcionamiento de todos los ecosistemas. En el ser humano, representa hasta el 70 % de su peso corporal, y su obtención depende tanto de la ingesta directa como del consumo de alimentos.
Según la FAO, de los 8,222 millones de personas que habitan el planeta, alrededor de 3 mil millones viven en zonas con escasez de agua; 1,200 millones enfrentan restricciones graves. En este contexto de crisis climática y alimentaria, es vital examinar con claridad quién usa el agua, quién la transforma y quién se beneficia de ella.
El problema no es sólo de eficiencia. Se repite que el 70 % del agua dulce es usada por la agricultura. No obstante, este dato, aunque estadísticamente válido, es interpretado de forma simplista. La agricultura transforma el agua en alimentos, que luego son consumidos por las poblaciones urbanas e industriales.
A esto se suma que los productos agroalimentarios pasan por cadenas de valor donde los intermediarios se apropian de la huella hídrica a través de altos márgenes de ganancia, con aumentos de precios que pueden oscilar entre el 100 % y 300 % del valor original recibido por el productor.
La huella hídrica de los alimentos.
La huella hídrica es un indicador clave para medir el uso de agua en la producción de bienes. Por ejemplo:
• 1 kg de carne de res: 15,415 litros de agua
• 1 kg de pollo: 4,320 litros
• 1 taza de té: 35 litros
• 1 kg de arroz: 2,500 litros
Estos datos no deben alarmar sin contexto. Lo importante es que esta agua no se pierde, sino que se incorpora en la cadena alimentaria. Así, el consumo final recae en quien se alimenta de esos productos.
Especulación y pobreza.
El problema real radica en la especulación dentro de los mercados agroalimentarios. La guerra comercial, los cambios políticos, la eliminación de subsidios y el retiro de seguros agrícolas han desajustado las cadenas de suministro. Mientras el productor recibe bajos ingresos, el consumidor paga altos precios, y los intermediarios y grandes corporaciones obtienen las mayores ganancias.
Los mitos del agua
1. Mito: La agricultura consume el 70 % del agua dulce. Realidad: La agricultura la usa para transformar nutrientes en alimentos. El consumo real ocurre en las zonas urbanas e industriales.
2. Mito: A mayor población, mayor presión sobre el agua por la agricultura. Realidad: La tecnología ha permitido rendimientos más altos por hectárea, haciendo más eficiente el uso del agua.
3. Mito: La volatilidad de precios exige mayor eficiencia hídrica en la agricultura. Realidad: La volatilidad está más asociada al desorden de los mercados globales, especulación, aranceles y políticas comerciales que a la eficiencia agrícola.
Conclusiones
1. El sector agropecuario usa el agua, pero es la población y la industria quienes la consumen en su forma transformada.
2. Las innovaciones tecnológicas han incrementado la eficiencia hídrica, pero se necesita avanzar más en administración y conservación.
3. Urge invertir en infraestructura hidráulica, sistemas de riego tecnificado y formación en buenas prácticas agrícolas con tecnología 4.0.
4. También es necesario mejorar la eficiencia en zonas urbanas e industriales, reducir fugas y fomentar la conciencia sobre el uso racional del agua.
5. Quienes obtienen los mayores beneficios de la huella hídrica deberían aportar proporcionalmente al financiamiento de infraestructura y conservación del agua.
6. Sin un mecanismo justo de fijación de precios, seguirá la especulación y la pobreza en el sector agrícola.
“La producción de alimentos es suficiente para saciar el hambre del mundo, pero no para saciar la avaricia de los hombres” —Mahatma Gandhi.
Por M.C. Héctor Carlos Salazar Arriga, Presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Coahuila A.C
