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El “hackeo” genético de la naturaleza: Entendiendo a la enfermedad de la Raíz loca.

El “hackeo” genético de la naturaleza: Entendiendo a la enfermedad de la Raíz loca.

A menudo pensamos en la modificación genética como algo exclusivo de los laboratorios modernos, pero la naturaleza lleva mucho tiempo haciéndolo. Un ejemplo fascinante pero destructivo para la agricultura es Agrobacterium rhizogenes (actualmente conocida como Rhizobium rhizogenes), una bacteria que habita naturalmente en el suelo y es el agente causal del síndrome de la “raíz loca” o “raíz peluda”.

Esta enfermedad se caracteriza por inducir una proliferación excesiva y descontrolada de raíces ramificadas (Yordanova et al., 2017), pero lo verdaderamente sorprendente es cómo la bacteria logra engañar a la planta para que trabaje para ella.

Un secuestro a nivel celular

El ataque comienza cuando la bacteria entra en contacto con los tejidos de una planta que ha sufrido algún daño o herida. Aprovechando esta brecha, la bacteria transfiere un pequeño fragmento de su propio ADN, lo que los científicos llaman plásmido Ri (inductor de raíces) hacia el interior de la célula vegetal., incrustándose en sus cromosomas.

Este “secuestro genético” altera por completo el equilibrio hormonal de la planta, específicamente las señales de auxinas y citoquininas, forzando la creación masiva y descontrolada de nuevas raíces. (Cecilia, C. et al., 2023)

Este mismo mecanismo de ataque es utilizado por patógenos emparentados y muy conocidos en campo, como Agrobacterium tumefaciens (causante de la agalla de la corona) y Allorhizobium vitis (agallamiento del cuello). La diferencia radica en que, en lugar de formar raíces extravagantes, estos primos genéticos estimulan una división celular que la planta no puede regular, formando tumores (Donald, E. et al., 1994; Lien, B. et al., 2015; Warabieda, M. et al., 2021).

Demasiada raíz ¿Bueno o malo?

Normalmente en la agricultura, un sistema radicular abundante suele ser sinónimo de una planta sana. Sin embargo, en el síndrome de la raíz loca, el crecimiento es tan anómalo que las raíces se cubren de una densidad excesiva de pelos radiculares que, irónicamente, obstaculizan severamente la absorción de agua y nutrientes. 

Además, este exceso tiene un costo energético muy alto. La planta desvía el carbono fijado, los azúcares y los aminoácidos que deberían ir a la producción de tallos y frutos van hacia el mantenimiento de estas raíces, lo cual se traduce en: Una disminución de vitalidad en la planta, corrugamiento de las hojas, floración precoz para finalmente, pérdidas de rendimiento los cuales superan el 10% en algunos cultivos (Kajala, K. et al., 2014; Vanlommel, W. et al., 2020; Warabieda, M. et al., 2021).

Por si fuera poco, este denso enmarañado de raíces crea el microclima perfecto para que otros patógenos oportunistas del suelo, como el hongo Phytium se establezcan. Llegando a provocar pudriciones que terminan colapsando el sistema vascular y matando a la planta (Weller et al. 2006; Cecilia, C. et al., 2023).

El alcance de estos daños no es un problema menor. De hecho, aunque la enfermedad afecta principalmente a cultivos de hidroponía, también se encuentra en la agricultura tradicional. Ataca esencialmente a cultivos de las familias de las solanáceas (como el tomate) y cucurbitáceas (como el pepino), su historial es extenso. Se reportó por primera vez en 1970 en un cultivo de pepino, hizo una aparición severa en sistemas hidropónicos en 1993, y para 1997 ya estaba afectando al tomate. Hoy en día, es un problema presente en invernaderos de todo el mundo (Cecilia, C. et al., 2023).

El mayor desafío para los productores es que hasta el momento no hay cura definitiva para la enfermedad. Una vez que el ADN bacteriano está en la planta y la proliferación comienza, no hay vuelta atrás.

El futuro del control

Actualmente, la única defensa es la prevención. En los sistemas hidropónicos, donde la enfermedad está más estudiada, los productores dependen de estrictos protocolos de sanitización. Tras un brote, se recurre a desinfectantes químicos, como el peróxido de hidrógeno, para limpiar las instalaciones (Cecilia, C. et al., 2023; Bosmans, L. et al., 2017). Sin embargo, usar estas sustancias en altas concentraciones representa un riesgo tanto para las plantas como para la salud de los trabajadores.

La ciencia ahora apunta hacia soluciones más sostenibles: el control biológico. Diversas investigaciones están evaluando el uso de organismos antagonistas de la rizosfera que se consideran ideales contra los patógenos vegetales transmitidos por el suelo. Estos microorganismos son excelentes colonizadores de las raíces y actúan como un escudo, compitiendo por el espacio y ofreciendo una defensa de primera línea mucho más segura y con menor impacto ambiental contra patógenos del suelo (Bosmans, L. et al., 2017).

Es justamente en esta línea donde aportamos nuestro granito de arena; actualmente en Grupo TECO, nos encontramos trabajando en investigaciones recientes sobre posibles soluciones para su control, enfocándonos en evaluar su eficacia para respaldar el trabajo en el campo.

Por Mitqa Samai Barrita Barriga en colaboración con Grupo TECO

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