Más allá de la aspersión: la aplicación responsable de insumos fitosanitarios como parte de una agricultura eficiente
En agricultura, todavía es común hablar de una aplicación como si el proceso comenzara cuando el operador entra al campo y termina cuando vacía el tanque, pero una aplicación responsable comienza mucho antes.
Comienza cuando se identifica el problema que se quiere resolver, continúa cuando se selecciona el producto, se determina la dosis, se revisa la etiqueta, se prepara el equipo y se calibra.
Después intervienen las condiciones ambientales, la velocidad de trabajo, el tipo de boquilla, la presión, el volumen de aplicación y la cobertura. Y el proceso no termina cuando se apaga la bomba. También incluye la limpieza, el mantenimiento, la evaluación del resultado y el registro de lo ocurrido.
Por eso, hablar de uso responsable de insumos fitosanitarios no debería limitarse a cuánto producto utilizamos. La pregunta más importante es: ¿Qué tan bien estamos colocando el producto donde realmente se necesita?
El producto correcto es solamente el primer paso
Una buena aplicación comienza con una buena decisión.
Antes de preparar una mezcla, es necesario conocer qué problema se pretende atender.
No es lo mismo una maleza que una enfermedad, no es lo mismo una plaga establecida que una población que apenas comienza a desarrollarse. Tampoco es lo mismo proteger una etapa temprana del cultivo que intervenir cuando el problema ya está avanzado.
Por eso, la selección del insumo debe considerar el objetivo de la aplicación, el cultivo, la plaga, enfermedad o maleza, la etapa de desarrollo y las condiciones establecidas en la etiqueta.
La etiqueta debe ser el punto de partida.
Ahí se encuentran las condiciones de uso, dosis, cultivos autorizados, intervalos, restricciones y recomendaciones específicas para la aplicación.
Utilizar el producto fuera de esas condiciones no solamente puede comprometer el resultado. También puede generar aplicaciones innecesarias, pérdidas de producto o efectos no deseados.
¿Estamos utilizando el producto adecuado para el problema que realmente tenemos?
Aplicar más no significa aplicar mejor
Uno de los errores más comunes es pensar que una mayor cantidad de producto necesariamente significa un mayor control.
No es así. Una aplicación eficiente busca colocar la cantidad indicada en el lugar correcto, en el momento correcto y de la manera correcta. Incrementar la dosis por decisión propia no corrige una mala calibración, tampoco compensa una cobertura deficiente, una boquilla inadecuada o una condición ambiental desfavorable.
De la misma manera, reducir arbitrariamente la dosis no convierte automáticamente una aplicación en una práctica más responsable. La dosis establecida en la etiqueta forma parte de las condiciones bajo las cuales se espera que el producto funcione. Por eso, el objetivo no debería ser simplemente aplicar menos. El objetivo debe ser aplicar correctamente.
La aspersora también determina el resultado
Podemos tener un excelente producto, una dosis correctamente calculada y un operador capacitado. Pero si el equipo de aplicación no funciona correctamente, el resultado puede ser muy diferente al esperado.
Una aspersora no es solamente un tanque con una bomba y algunas boquillas, es un sistema de distribución. Cada uno de sus componentes participa en la manera en que el producto llegará al cultivo.
Por eso, antes de comenzar una jornada de aplicación, el equipo debe revisarse. No solamente para evitar una falla mecánica. También para asegurarnos de que la aplicación que estamos a punto de realizar corresponde a lo que fue planeado.
Calibrar es saber qué está haciendo el equipo
La calibración es uno de los elementos más importantes de una aplicación responsable. Porque una cosa es lo que creemos que está aplicando la máquina y otra muy diferente es lo que realmente está aplicando.
La calibración permite relacionar variables como:
• Caudal.
• Presión.
• Velocidad de avance.
• Tipo y condición de las boquillas.
• Espaciamiento.
• Volumen de aplicación.
• Ancho efectivo de trabajo.
Cuando estas variables son conocidas, es posible determinar con mayor precisión cómo se está distribuyendo el producto.
Las boquillas: pequeñas piezas con grandes consecuencias
Las boquillas son uno de los componentes más importantes del equipo. Determinan el caudal, el patrón de distribución y, dependiendo de su diseño y condiciones de operación, características importantes de las gotas.
Una boquilla desgastada puede entregar más producto del esperado y una combinación inadecuada de boquilla y presión puede modificar las características de la aplicación.
Por eso, las boquillas deben seleccionarse de acuerdo con el objetivo, revisarse periódicamente y mantenerse en condiciones adecuadas. No todas las aplicaciones requieren la misma boquilla.
La cobertura importa, pero también importa dónde termina la gota
Una aplicación eficiente no consiste simplemente en producir muchas gotas. Se trata de conseguir que las gotas lleguen al lugar donde deben cumplir su función.
En algunas aplicaciones será necesario alcanzar una determinada superficie foliar, en otras, el objetivo estará en el suelo, en otras, será necesario penetrar adecuadamente dentro del follaje. Por eso, el tamaño de gota, el volumen, la presión, la boquilla, la altura de aplicación y la velocidad de avance deben analizarse en conjunto.
Una cobertura deficiente puede reducir el resultado.
La deriva es producto que no llegó al objetivo
Toda aplicación debe considerar la posibilidad de deriva. El viento, la temperatura, la humedad, el tamaño de gota, la presión y la altura de aplicación pueden influir en el comportamiento de las gotas.
Cuando parte del producto se desplaza fuera del área objetivo, no solamente existe una posibilidad de afectación fuera del cultivo, también significa que una parte de la inversión realizada no cumplió la función para la que fue destinada. Por eso, reducir la deriva tiene dos componentes: es una medida de responsabilidad y también una medida de eficiencia.
El clima también aplica
El clima no es una variable secundaria. Es parte del proceso de aplicación. Una misma aspersora, con la misma boquilla, presión y velocidad, puede comportarse de manera diferente bajo distintas condiciones ambientales.
El viento puede modificar la trayectoria de las gotas, las temperaturas elevadas pueden favorecer ciertos procesos de evaporación, la humedad puede influir en la permanencia de las gotas.
Por eso, antes de aplicar no basta con revisar si “hay viento”. Hay que evaluar si las condiciones presentes permiten realizar la aplicación de acuerdo con las recomendaciones del producto y con el objetivo que se pretende alcanzar.
La velocidad también cambia la aplicación
Otro factor que suele pasar desapercibido es la velocidad de avance. Cuando el operador aumenta la velocidad para terminar más rápido, puede modificar el comportamiento de la aplicación.
La relación entre velocidad, caudal y volumen por superficie debe mantenerse dentro de los parámetros definidos durante la calibración.
Cambiar la velocidad sin considerar sus efectos puede significar aplicar un volumen diferente al planeado. Terminar más rápido no necesariamente significa trabajar mejor.
Mantenimiento: una aplicación comienza mucho antes de llegar al campo
El mantenimiento del equipo no debería hacerse solamente cuando aparece una falla. Debe formar parte de la operación habitual. Filtros, boquillas, mangueras, bombas, válvulas, conexiones, manómetros y demás componentes deben revisarse periódicamente.
Cuando termina una aplicación, todavía queda trabajo. El objetivo no es simplemente dejar el tanque “vacío”, es dejar el equipo en condiciones adecuadas para la siguiente operación.
Una aplicación responsable también protege la inversión
Cada aplicación representa una inversión, una aplicación deficiente puede representar mucho más que producto desperdiciado y puede significar que el beneficio esperado del producto no se alcance.
Por el contrario, cuando la aplicación se planea, calibra y ejecuta correctamente, se puede aprovechar mejor la inversión realizada.
La agricultura de precisión no comienza necesariamente con una tecnología sofisticada. También comienza cuando dejamos de hacer las cosas por costumbre y empezamos a medir, revisar y corregir.
Después de una aplicación conviene analizar:
• ¿Se consiguió el objetivo?
• ¿La distribución fue uniforme?
• ¿Hubo zonas sin cobertura?
• ¿Se presentó deriva?
• ¿El equipo mantuvo sus parámetros?
• ¿Las condiciones ambientales fueron adecuadas?
• ¿Se utilizó el volumen previsto?
• ¿Hubo problemas con las boquillas?
• ¿Fue necesario repetir la aplicación?
• ¿Qué puede mejorarse la próxima vez?
Cada aplicación puede convertirse en información para mejorar la siguiente.
La aplicación responsable es un sistema
Cuando todos estos elementos se observan por separado, parecen pequeñas decisiones. Pero juntos forman un sistema:
· Identificar el problema.
· Seleccionar el producto adecuado.
· Leer y seguir la etiqueta.
· Preparar correctamente el equipo.
· Calibrar.
· Evaluar las condiciones ambientales.
· Aplicar con la técnica adecuada.
· Limpiar, mantener, evaluar y registrar.
Si uno de estos elementos falla, puede afectar a los demás.
Una aplicación bien ejecutada puede ayudar a aprovechar mejor el producto; reducir pérdidas; mejorar la uniformidad de la aplicación; evitar aplicaciones correctivas innecesarias; optimizar el uso de agua y combustible; proteger el potencial productivo del cultivo; mejorar la eficiencia operativa; obtener de manera más consistente el beneficio esperado del insumo.
Por eso, el uso responsable no debe entenderse únicamente como una lista de cosas que no debemos hacer. También es una estrategia para hacer mejor las cosas.
El uso responsable de insumos fitosanitarios no significa simplemente utilizar menos producto, significa utilizarlo correctamente. porque una aplicación responsable no solamente busca controlar una plaga, una enfermedad o una maleza.
Busca hacerlo de manera eficiente, reduciendo pérdidas y efectos negativos, aprovechando al máximo la inversión y obteniendo todos los beneficios que los insumos fitosanitarios pueden aportar al sistema de producción.
Ahí es donde una aplicación deja de ser simplemente una operación agrícola, y se convierte en una herramienta de eficiencia, responsabilidad y productividad.

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