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T-MEC: México negocia firme sin bajar la guardia

T-MEC: México negocia firme sin bajar la guardia

  • El sector agroalimentario llega fortalecido a la revisión del tratado y la unidad público-privada, con estrategia técnica, será clave ante un entorno político complejo

La revisión del T-MEC no será una negociación rutinaria sino una prueba de madurez estratégica para México y desde la Secretaría de Economía y el Consejo Nacional Agropecuario (CNA) el mensaje es claro: se negociará, sí, pero sin perder ventajas ni ceder terreno innecesariamente.

El subsecretario de Comercio Exterior, Luis Rosendo Gutiérrez Romano, lo expuso ante el Consejo Nacional Agropecuario con una combinación de realismo y firmeza: México ha optado por una estrategia de colaboración constructiva, evitando escaladas innecesarias, pero defendiendo sus intereses.

Y es que el T-MEC es tan importante para México, que de acuerdo al INEGI, fue el único sector que creció modestamente en 2025 e impulsó la economía nacional.

Socios colaborativos con los Estados Unidos
«Nosotros elegimos una estrategia que hasta ahora está funcionando: ser socios colaborativos, constructivos… porque sabíamos que cada uno de estos anuncios del Presidente Donald Trump podía ser muy perjudicial para nuestra economía», asevera el Subsecretario.

El contexto no es menor. Estados Unidos pasó de anunciar un arancel general de 25% al inicio de la administración Trump, a reconocer que México tiene hoy uno de los tratos arancelarios más preferentes del mundo.
«Hoy, el 85% de las exportaciones de México están pasando a los Estados Unidos pagando cero arancel; eso no sucede con ningún otro país en el mundo, salvo el caso de Canadá», precisa.

Desde la presidencia del CNA, Jorge Esteve Recolons ha sido enfático: el tratado funciona y debe defenderse, dice quien ha sido un férreo defensor de un tratado justo y sin imposiciones de ninguna de las partes.
En las reuniones recientes, el mensaje al gobierno fue directo: no abrir la puerta a estacionalidad ni a concesiones anticipadas. En Washington, explicó Esteve, existe
preocupación por señales políticas que desplacen el análisis técnico.
«Se ve difícil que se arreglen los temas del Tratado… ellos nos tienen “agarrados” con temas económicos, de seguridad nacional, de migración… y eso genera incertidumbre y la incertidumbre ahuyenta la inversión».

El antecedente del tomate, la investigación antidumping, la estacionalidad en fresas y las presiones sobre azúcar y acero han dejado lecciones claras: la defensa debe ser técnica y estratégica.

Norteamérica: región que no puede fracturarse
Más allá de la coyuntura política, el agro tiene claro que el T-MEC no es un instrumento ideológico, sino económico y Luis Fernando Haro, director del Consejo Nacional Agropecuario, subraya que el tratado ha consolidado a Norteamérica como la región agroalimentaria más integrada y autosuficiente del mundo.

Esto, porque México pasó de exportar cuatro mil millones de dólares en 1994 en productos agropecuarios, a cerca de 50 mil millones en 2025, con un superávit comercial de cuatro mil millones de dólares.

La integración no es de competencia directa, sino de complementariedad productiva poque México provee 70% de las hortalizas frescas importadas por Estados Unidos y casi 50% de sus frutas frescas, pero, a su vez, importa granos y oleaginosas que completan el ciclo regional.

Gracias a esta interdependencia, Norteamérica tiene un índice de autosuficiencia alimentaria del 112%, superior al de Europa y Asia en la zona comercial más importante del mundo y para Haro, el mayor riesgo no es el comercio en sí, sino la incertidumbre regulatoria que podría frenar inversiones intensivas en capital y logística.

Juan Cortina: negociación sí, concesiones no
Juan Cortina Gallardo, agroindustrial y ex presidente del CNA (2021-2023), actual Vicepresidente de Comercio Exterior del Consejo, quien participó en negociaciones de alto nivel -incluyendo la defensa ante investigaciones antidumping del tomate-, coincide en que el tratado no está formalmente en renegociación.

«No se está renegociando el tratado… cualquier cambio necesita dos terceras partes del Senado de Estados Unidos, y eso no lo tienen». Para Cortina, el T-MEC no se resolverá en junio y apunta que el tema de seguridad nacional en la agenda estadounidense seguirá influyendo en la conversación comercial.

«No creo que se resuelva de aquí a junio el tema del T-MEC… el presidente Trump está moviéndose hacia un mercado más administrado en ciertos sectores»; sin embargo, también advierte que existen aliados en Estados Unidos: organizaciones agrícolas que reconocen que Norteamérica unida es más competitiva que fragmentada.

México llega mejor preparado
El subsecretario Gutiérrez reconoce que el entorno cambió. La era del libre comercio técnico dio paso a una etapa con mayor carga política. «Nos alejamos del análisis técnico del free trade… para entrar en la nueva era de los aranceles y del proteccionismo».

Aun así, México mantiene el arancel promedio más bajo entre los principales socios comerciales de Estados Unidos y existe una estrategia clara mexicana: trabajar con cada sector para construir planteamientos técnicos sólidos antes de llegar a la mesa.

«Lo que estamos haciendo con varios sectores es trabajar de la mano y poder construir juntos un planteamiento específico para la negociación», asevera el expresidente del Consejo Nacional Agropecuario.

Estacionalidad, fresa y azúcar: los frentes sensibles
La revisión del T-MEC no será un ejercicio académico. En el agro hay temas concretos sobre la mesa: estacionalidad, fresa, azúcar, acero y posibles investigaciones antidumping. Luis Rosendo Gutiérrez reconoció que el ambiente en Washington se ha politizado, particularmente en sectores sensibles.

«Nos preocupa la sensibilidad que está tomando el gobierno de Estados Unidos… a veces nos alejamos del análisis técnico del free trade que habíamos vivido en los últimos 30 años». El antecedente del tomate fue una señal de alerta. La defensa técnica fue sólida, pero los criterios estadounidenses mostraron un componente político que preocupa al sector.

En ese contexto, Jorge Esteve advierte que la estacionalidad no puede convertirse en moneda de cambio anticipado. Ceder en ese punto abriría la puerta a fragmentar el mercado agrícola regional.

Y Juan Cortina coincide: la negociación no puede partir de concesiones previas: El sector, sostiene, debe empujar con firmeza que el tratado «no se toque» en su esencia comercial.

El «cuarto de al lado» agropecuario
Contrario a versiones que hablan de exclusión, el llamado «cuarto de al lado» sí está operando en materia técnica, explica Juan Cortina al citar que existe una mesa
agropecuaria activa que analiza escenarios: qué ocurre si se modifican reglas de origen, si se imponen aranceles estacionales o si cambian cuotas.
El subsecretario también lo confirmó: la estrategia es construir argumentos sector por sector antes de llegar a la mesa formal: «Quisiéramos trabajar con ustedes en cuáles podrían ser los mecanismos alternativos de negociación… y poder tener rápidamente el activo de la información listo parasaber hasta dónde sí, hasta dónde no», dijo en el CNA.

Aquí hay una coincidencia total entre gobierno y sector privado: la defensa del agro mexicano debe ser técnica, coordinada y con información sólida, coinciden los dirigentes agroempresariales, expuso.

Sustitución de importaciones y oportunidades
Más allá de la defensa, existe una ofensiva estratégica: sustituir importaciones asiáticas con producción regional.Estados Unidos y México mantienen un déficit conjunto con China cercano a 400 mil millones de dólares y si una cuarta parte de ese volumen se trasladara a producción norteamericana, el impacto en crecimiento y empleo sería sustancial.

El agro no está aislado de esta discusión: Mayor integración regional implica fortalecer cadenas de valor transfronterizas y reglas de origen graduales, no abruptas. Luis Fernando Haro lo resume desde otra perspectiva: la revisión debe fortalecer la complementariedad y blindar la seguridad alimentaria regional.

No se trata sólo de exportaciones; se trata de mantener un ecosistema productivo integrado que beneficia a más de 500 millones de consumidores.

Junio no es el final del camino
Existe la percepción de que junio será un punto de quiebre. Pero tanto el subsecretario como Juan Cortina advierten que el proceso será más largo. No es una renegociación formal –porque modificar el tratado requeriría mayorías legislativas en Estados Unidos–, sino un proceso de revisión en un entorno político complejo.

Juan Cortina lo dijo con claridad: no se resolverá en una sola reunión y Jorge Esteve agrega que la incertidumbre es el mayor enemigo, porque frena inversiones y decisiones de largo plazo y el subsecretario coincide en que el objetivo es llegar bien preparados y mantener el tratamiento preferencial que hoy tiene México.

Coincidencias estratégicas
Al reunir las voces, la narrativa es consistente: El T-MEC funciona y no debe desmantelarse; la revisión será técnica, pero en un entorno político; la coordinación público-privada es indispensable; Norteamérica es más fuerte integrada que fragmentada y el proceso será gradual y más largo de lo que algunos anticipan.

La revisión no es una amenaza inevitable; es una oportunidad para consolidar lo que ya funciona y corregir lo que requiere ajuste. México llega con cifras sólidas, liderazgo agroexportador y una estrategia que privilegia la firmeza sin estridencias… Negociar sin bajar la guardia.

México negocia sin urgencia desde la fortaleza
El T-MEC no está en terapia intensiva, sino que está en revisión en un mundo que cambió y ahí radica la diferencia, coinciden los dirigentes: México llega a esta etapa no como un socio vulnerable, sino como el principal proveedor agroalimentario de Estados Unidos, como la economía manufacturera más integrada de Norteamérica y como el país con el arancel promedio más bajo entre los socios estratégicos de Washington.

El mensaje del subsecretario es claro: se negociará, pero sin bajar la guardia.
El mensaje del sector agropecuario también: el tratado funciona y debe preservarse. La coincidencia es total con técnica, unidad y firmeza. La revisión de junio no será el punto final, sino el inicio de un proceso más largo donde se medirán la capacidad política, la inteligencia estratégica y la cohesión del bloque productivo mexicano.

En un entorno donde el comercio se ha politizado, México tiene una ventaja: su integración productiva es real, medible y mutuamente beneficiosa porque desmantelarla tendría costos para los tres países.

Norteamérica produce más alimentos de los que consume; es autosuficiente y es competitiva frente a Asia y en ese engranaje, el campo mexicano es pieza estructural.
Los personajes coinciden en que la revisión del T-MEC no debe leerse como amenaza, sino como oportunidad para blindar la complementariedad regional, fortalecer reglas claras y enviar una señal contundente a los mercados: México negocia firme, negocia preparado y negocia unido.

Porque en comercio internacional, como en el campo, la mejor defensa es la productividad. Y la mejor estrategia es llegar a la mesa sabiendo lo que se vale… y lo que no.

Por Amado Vázquez Martínez