Tomate mexicano: la tormenta perfecta detrás del precio
“Menos siembra, presión comercial, arancel estadounidense y clima adverso reducen la oferta y el productor no fija el precio final, pues al contrario, cada vez ganan menos”
El jitomate, uno de los pilares de la dieta mexicana, atraviesa uno de sus momentos más complejos en años recientes, porque su precio al consumidor se ha disparado hasta 126% y le atribuyen el protagonismo de la inflación alimentaria superior al 4.6%; sin embargo, la explicación no está en el surco ni en la mano del productor, como lo revela el líder de los tomateros del país a Tierra Fértil.
En el campo, el precio se mantiene relativamente estable, en cambio, en el mercado final, el valor se multiplica. La diferencia revela una historia más profunda: la de una cadena productiva presionada por factores estructurales, comerciales y climáticos que han reducido la oferta nacional.
La inflación general se ubicó en 4.6% anual en marzo de 2026, cifra en la que los alimentos han tenido un comportamiento distinto, pues en promedio, la canasta alimentaria subió 7.9% en zonas rurales y 8.1% en zonas urbanas, superando por varios puntos el nivel inflacionario nacional, lo cual se atribuye en gran medida a que se disparó el precio del tomate.
Para conocer el problema del tomate dialogamos con el presidente nacional del Sistema Producto Tomate, Manuel Cázares, también presidente del mismo organismo en Sonora, quien consideró que la baja producción y alta demanda han disparado el precio por kilo al consumidor, aunque los agricultores ganan lo mismo por tonelada puesta en la empacadora.
La caída en la siembra
El primer eslabón del problema comienza con la superficie cultivada. En el ciclo actual, los productores del noroeste del país –principal zona productora– redujeron la siembra en aproximadamente 20%, que no es un ajuste menor. Sinaloa, que aporta cerca del 62% de la producción nacional, disminuyó su área en un contexto de incertidumbre financiera y productiva.
«Venimos de tres años muy complicados, sin precio. A eso súmale el arancel, los insumos caros y la falta de crédito», explica el dirigente del sector tomatero. La decisión de sembrar menos responde a una lógica empresarial: ante altos costos y baja rentabilidad, el productor reduce riesgo.
Costos que asfixian
Cada sistema tecnológico: Campo Abierto, Malla Sombra, Macrotúnel y Alta Tecnología implica costos crecientes en infraestructura, fertilización, energía y mano de obra. Hoy, esos costos se han disparado. Los fertilizantes han aumentado entre 15% y 50%, mientras que el diésel y los insumos agrícolas mantienen una tendencia al alza. Esto ha obligado a los productores a replantear su operación: sembrar menos, invertir menos o, en algunos casos, abandonar la actividad.
El factor político-comercial
A esta presión interna se suma un factor externo clave: la compleja relación comercial con Estados Unidos que se ha visto agravada por el problema del arancel al jitomate nacional.
El tomate mexicano enfrenta una cota compensatoria derivada de una investigación por dumping iniciada en los años noventa. Actualmente, este mecanismo implica un costo adicional cercano al 17.09% para los exportadores.
Aunque técnicamente no es un arancel, en la práctica reduce la competitividad del producto mexicano. «Es una medida política para proteger a los productores de Florida», señala el representante del sector tomatero nacional.
Este entorno ha generado incertidumbre y ha frenado decisiones de inversión en el campo, pues los productores tradicionales han optado por reducir sus superficies de cultivo ante sequías continuas y ahora con el arancel.
Clima, plagas y una temporada atípica
El ciclo agrícola 2025–2026 ha sido particularmente complejo por la ausencia de un invierno marcado que favoreció la proliferación de plagas, enfermedades y virosis, afectando rendimientos.
Además, eventos climáticos extremos, como sequías y heladas en regiones clave han impactado la producción tanto en México como en Estados Unidos. En Florida, por ejemplo, una helada reciente redujo drásticamente la oferta local, aumentando la demanda de tomate mexicano y presionando los precios.
Producción a medias
México produce en promedio cerca de 3.0 a 3.3 millones de toneladas de tomate al año, de las cuales aproximadamente dos millones se exportan a Estados Unidos y el resto abastece el mercado nacional. Sin embargo, el ciclo actual está lejos de esa normalidad.
A mitad de temporada, el volumen disponible no alcanza ni siquiera el ritmo esperado. “No tenemos ni el 50% de lo que deberíamos haber producido en un año normal”, advierten productores. Esta reducción en la oferta es el detonante directo del aumento de precios.
El mito del productor caro
Uno de los puntos más importantes en esta crisis es desmontar una idea común: que el productor eleva el precio. En realidad, el agricultor vende el jitomate en campo o empaque entre 25 y 30 pesos por kilo. Sin embargo, el consumidor final puede pagar hasta 70 u 80 pesos.
La diferencia se explica por la cadena de intermediación: transporte, almacenamiento, distribución, comercialización y márgenes de ganancia. «No es problema del productor; es un tema de mercado y de oferta», subraya el sector.
El impacto en la inflación
El jitomate se ha convertido en un termómetro económico. En marzo de 2026, su precio registró incrementos superiores al 120% anual, posicionándose como uno de los principales impulsores de la inflación alimentaria.
Este comportamiento ha contribuido a que la canasta básica supere los cuatro mil 900 pesos mensuales en zonas urbanas. El impacto es directo: el jitomate no es un producto cualquiera, es base de la alimentación mexicana.
Lo que viene para el tomate
El mercado aún espera la entrada de las cosechas de verano, que podrían equilibrar parcialmente la oferta. Sin embargo, el panorama sigue siendo incierto. Si los factores estructurales —costos, clima y política comercial— se mantienen, el sector tomatero enfrentará un proceso de ajuste más profundo.
El alto precio del jitomate no es una historia de abuso, sino de escasez porque es el resultado de una cadena tensionada donde el productor, quien lejos de beneficiarse, enfrenta uno de los momentos más complejos de los últimos años. En el fondo, el jitomate revela una realidad mayor: la vulnerabilidad del sistema agroalimentario ante factores externos e internos. Y en esa ecuación, la ley de la oferta y la demanda es implacable.
Esta es la numeralia actual del tomate:
México produce en promedio cerca de 3.0 a 3.3 millones de toneladas de tomate al año, de las cuales aproximadamente DOS millones se exportan a Estados Unidos y el resto abastece el mercado nacional.
El rendimiento por hectárea varía según el sistema de producción:
1. Campo abierto de 60–80 toneladas por hectárea;
2. Malla sombra y macrotúnel: rendimiento intermedio;
3. Invernadero: 250–400 toneladas;
4. De alta tecnología hasta 700 toneladas
Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil
Publicado en la revista Tierra Fértil edición mayo 2026
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