Agroindustria cañera 2024-2026: del ciclo de altos ingresos a la disciplina técnica y la eficiencia operativa
La agroindustria de la caña de azúcar (Saccharum officinarum) involucra de manera directa a más de 180,000 abastecedores cañeros y sostiene la actividad de 47 ingenios azucareros distribuidos en 15 entidades federativas. Según estadísticas agrícolas integradas por el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), el valor nacional de la producción de caña bruta supera los $52,936 millones de pesos, concentrándose principalmente en Veracruz, Jalisco, San Luis Potosí, Oaxaca y Chiapas.
No obstante su magnitud socioeconómica, el cultivo arrastra debilidades estructurales documentadas por el Comité Nacional para el Desarrollo Sustentable de la Caña de Azúcar (CONADESUCA) en el Programa Nacional de la Agroindustria de la Caña de Azúcar (PRONAC). El diagnóstico institucional subraya que, durante la última década evaluada, la superficie cosechada creció a una tasa media anual de 1.4%, mientras que el rendimiento en campo y la eficiencia fabril permanecieron prácticamente estancados. Esta expansión de carácter extensivo expuso gradualmente al cañaveral a fluctuaciones hídricas severas y a incrementos en los costos de fertilización y corte.
Dinámica productiva reciente y brechas de rendimiento
El balance del ciclo 2024/2025 consolidó una molienda nacional de 45.75 millones de toneladas de caña, lo que significó un retroceso de 0.7% frente a la zafra precedente. De acuerdo con el informe Panorama Agroalimentario – Azúcar 2025, elaborado por FIRA con registros de CONADESUCA, el sector encadenó tres ejercicios continuos a la baja en volumen de molienda (tras caídas de 13.0% en 2022/2023 y 3.1% en 2023/2024).
A pesar de este menor abasto fabril, la producción neta de azúcar alcanzó 4.77 millones de toneladas físicas, reflejando un repunte anual de 1.4%. Dicho comportamiento se explicó por factores meteorológicos específicos: una disponibilidad hídrica oportuna en las etapas tempranas de desarrollo combinada con un régimen seco durante la cosecha, lo que elevó la concentración de sacarosa y situó el rendimiento agroindustrial en 6.48 toneladas de azúcar por hectárea (+2.4% anual).
El rendimiento medio de campo cerró en 62.12 toneladas de caña por hectárea sobre una superficie cosechada de 736,486 hectáreas. Sin embargo, la brecha productiva entre regiones es pronunciada. En entidades con sistemas de riego y manejo tecnificado, como Puebla y Morelos, se promediaron 100.2 y 94.8 t/ha de caña (alcanzando 12.8 y 12.6 t de azúcar/ha, respectivamente). En contraste, en cuencas dependientes de temporales críticos o castigadas por sequías recurrentes, como Quintana Roo y Tamaulipas, los rendimientos descendieron a 38.4 y 48.1 t/ha de caña.
La estructura hídrica explica en gran medida esta dispersión: el 58.1% de la superficie cañera nacional opera bajo condiciones de temporal estricto, régimen que reportó una pérdida de 11,066 hectáreas en 2024 (-2.4%). Simultáneamente, el área bajo riego (41.9% restante) se redujo en 6,809 hectáreas debido a las restricciones de almacenamiento en presas de Jalisco, San Luis Potosí y Nayarit, lo que derivó en desplomes en la molienda de hasta -44.0% en Sinaloa.
Presión fitosanitaria: barrenadores y salivazo en el cañaveral
El margen de rentabilidad de los productores se define en la sanidad del cultivo. Dos plagas entomológicas ejercen la mayor presión sobre los cañaverales mexicanos: el gusano barrenador y la mosca pinta.
El complejo de barrenadores del tallo (Diatraea magnifactella, D. saccharalis y D. loftini) afecta de forma directa la estructura vegetativa. Evaluaciones experimentales del Centro de Investigación Regional Golfo Centro del INIFAP corroboran que por cada 1% de infestación de entrenudos perforados por Diatraea, las pérdidas de campo se cuantifican entre 800 y 1,000 kilogramos de caña por hectárea. El barrenado destruye los tejidos conductores de savia, reduce el peso individual de la caña y facilita la penetración de microorganismos patógenos que degradan la pureza de los jugos en fábrica.
Por su parte, la mosca pinta o salivazo (Aeneolamia postica), con presencia destacada en la Huasteca, Veracruz, Chiapas y Quintana Roo, ataca tanto en fase de ninfa como en estado adulto. Documentos de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y centros de investigación asociados reportan que los adultos succionan xilema foliar e inyectan enzimas tóxicas, provocando una necrosis sistémica o “quemazón” que destruye el aparato fotosintético y genera mermas de 5 a 20 toneladas de caña por hectárea. Para mitigar su impacto, SENASICA y asociaciones locales han promovido el manejo bioecológico mediante la reproducción y aspersión del hongo entomopatógeno Metarhizium anisopliae (cepa Ma181) y liberaciones de microavispas del género Trichogramma.
Adicionalmente, el control de malezas agresivas como el zacate peludo (Rottboellia cochinchinensis) demanda intervenciones residuales oportunas para evitar pérdidas por competencia hídrica y nutricional en las etapas de amacollamiento.
Implicaciones para la cadena agroindustrial
La conjunción de estas variables plantea escenarios diferenciados para los integrantes de la agroindustria:
- Para los abastecedores cañeros: El ajuste en el precio del azúcar base estándar demanda maximizar la concentración de sacarosa (medida a través del KARBE) y evitar pérdidas de peso en campo causadas por plagas no controladas.
- Para el personal técnico y cuadrillas de aplicación: Exige sustituir métodos empíricos por protocolos estandarizados de calibración hidráulica, selección de boquillas antideriva y adopción irrestricta de las medidas de bioseguridad laboral mandatadas por la autoridad laboral.
- Para los ingenios azucareros: Implica optimizar la planeación de la zafra apoyándose en herramientas satelitales y sistemas de información geográfica como InfoCaña para calendarizar los cortes en parcelas que alcancen su madurez fisiológica, sosteniendo los rendimientos de extracción fabril.
Perspectivas
Para la zafra 2025/2026, los primeros estimados de CONADESUCA y FIRA proyectan una recuperación del 10.7% en la producción nacional de azúcar, estimando alcanzar 5.28 millones de toneladas métricas sobre una superficie cosechada calculada en 771,500 hectáreas. Paralelamente, se prevé una reactivación del 6.2% en el consumo nacional del edulcorante (situándose en 4.74 millones de toneladas), mientras que los inventarios finales descenderían 8.6% para ubicarse en 1.02 millones de toneladas.
La agroindustria de la caña de azúcar en México transita hacia una etapa donde el volumen extensivo cede protagonismo ante la eficiencia técnica. Frente a cotizaciones de referencia moderadas y un clima que impone restricciones severas en casi el 60% de los cañaverales, la viabilidad de la cadena descansa en la rigurosidad agronómica.

Compartir